El Cielo y el Infierno...
Cierto día un hombre santo estaba teniendo una conversación con el Señor y dijo: "Señor, me gustaría saber como son el Cielo y el Infierno."
El Señor llevó al hombre santo hacia dos puertas. Él abrió una de las puertas y el hombre santo miró dentro y en medio del cuarto había una gran mesa redonda. En medio de la mesa había un gran cazo de guisado que olía tan delicioso que hizo agua la boca del hombre santo. La gente sentada alrededor de la mesa estaba delgada y enferma y parecían hambrientos.
Ellos estaban sosteniendo cucharas con mangos muy largos que estaban atados a sus brazos, así que cada uno fue capaz de meter la mano en el cazo de guisado y tomar una cucharada, pero por causa que el mango era más largo que sus brazos, no podían poner las cucharas dentro de sus bocas.
El hombre santo se estremeció ante semejante cuadro de miseria y
sufrimiento.
El Señor le dijo: "Haz visto el Infierno."
Luego fueron y abrieron la siguiente puerta. Era exactamente igual como el primer cuarto. Había gran mesa redonda con el gran cazo de guisado que hizo agua la boca del hombre santo. La gente estaba equipada con las mismas cucharas de mangos largos, pero aquí la gente estaba bien alimentada y llena de salud; riéndose y hablando. El hombre santo dijo:
¡No entiendo! "Es simple" dijo el Señor: "Esto requiere de una habilidad. Mira, ellos han aprendido a alimentarse el uno al otro, mientras que los avaros piensan solamente en ellos."
LA FELICIDAD HUMANA GENERALMENTE NO SE LOGRA CON GRANDES GOLPES DE SUERTE, QUE PUEDEN OCURRIR POCAS VECES, SINO CON PEQUEÑAS COSAS QUE OCURREN TODOS LOS DÍAS.
BENJAMÍN FRANKLIN
El Señor llevó al hombre santo hacia dos puertas. Él abrió una de las puertas y el hombre santo miró dentro y en medio del cuarto había una gran mesa redonda. En medio de la mesa había un gran cazo de guisado que olía tan delicioso que hizo agua la boca del hombre santo. La gente sentada alrededor de la mesa estaba delgada y enferma y parecían hambrientos.
Ellos estaban sosteniendo cucharas con mangos muy largos que estaban atados a sus brazos, así que cada uno fue capaz de meter la mano en el cazo de guisado y tomar una cucharada, pero por causa que el mango era más largo que sus brazos, no podían poner las cucharas dentro de sus bocas.
El hombre santo se estremeció ante semejante cuadro de miseria y
sufrimiento.
El Señor le dijo: "Haz visto el Infierno."
Luego fueron y abrieron la siguiente puerta. Era exactamente igual como el primer cuarto. Había gran mesa redonda con el gran cazo de guisado que hizo agua la boca del hombre santo. La gente estaba equipada con las mismas cucharas de mangos largos, pero aquí la gente estaba bien alimentada y llena de salud; riéndose y hablando. El hombre santo dijo:
¡No entiendo! "Es simple" dijo el Señor: "Esto requiere de una habilidad. Mira, ellos han aprendido a alimentarse el uno al otro, mientras que los avaros piensan solamente en ellos."
LA FELICIDAD HUMANA GENERALMENTE NO SE LOGRA CON GRANDES GOLPES DE SUERTE, QUE PUEDEN OCURRIR POCAS VECES, SINO CON PEQUEÑAS COSAS QUE OCURREN TODOS LOS DÍAS.
BENJAMÍN FRANKLIN
